MAESTROS DEL CMA REACTIVAN EL DANZÓN EN MAZATLÁN
Mazatlán, Sinaloa, abril de 2026.- En Mazatlán, el danzón se resiste a desaparecer, se reorganiza, se estudia y vuelve a sonar. Bajo esa premisa surge Danzazón, una agrupación integrada por maestros vinculados al Centro Municipal de las Artes de Mazatlán (CMA), que apuesta por la preservación activa de este género a través de la interpretación en vivo.
El proyecto se sostiene en una idea clara, el danzón no puede sobrevivir únicamente como memoria o grabación; necesita ejecutarse frente al público para mantener su sentido social, corporal y comunitario. En esa línea, aunque no forma parte del ensamble, el antropólogo musical Lorenzo Covarrubias ha sido una figura clave en el impulso del proyecto.
Desde su perspectiva, el danzón pierde su esencia cuando se reduce a lo documental o a lo reproducido. Su naturaleza está en la interacción, en el diálogo entre músicos y bailarines, en el tiempo compartido, en la respiración colectiva que ocurre únicamente cuando hay interpretación en vivo. Por ello, su insistencia ha sido clara: el danzón debe sonar en vivo porque es, ante todo, una práctica social antes que un objeto sonoro.

Esa visión encontró eco en el músico Max Carreón, músico de la Camerata Mazatlán, maestros del Centro Municipal de las Artes del Instituto de Cultura de Mazatlán, percusionista, gestor cultural y egresado del Conservatorio Nacional de Música de México, quien ha sido pieza fundamental en la articulación del proyecto. Con formación en gestión cultural y música tradicional mexicana —y con la marimba como eje de su práctica—, Carreón ha impulsado la organización, continuidad y proyección de Danzazón.
El origen del vínculo entre ambos revela el espíritu del proyecto. Fue en un mercado orgánico donde, mientras Carreón tocaba con un grupo de marimba, Covarrubias se acercó con una pregunta directa: “¿No se saben un danzón?”. La respuesta fue “Nereidas”. Ese momento detonó una relación de colaboración que hoy se traduce en una propuesta concreta para el rescate del género.
Danzazón se conforma además por músicos con perfiles diversos y en formación constante. En la trompeta, Sebastián Cedillo desarrolla una línea que articula interpretación, difusión e incluso interés por la investigación en el ámbito de los metales, con una visión orientada hacia la música de concierto y los arreglos contemporáneos.

En la flauta, Frida Fernández aporta una dimensión pedagógica relevante, reflejada en el desarrollo de sus alumnos dentro de distintos contextos musicales, tanto sinfónicos como populares.
El ensamble también integra a Javier Ochoa, joven músico mazatleco con fundamentos sólidos, cuya formación y regreso a la ciudad fortalecen el tejido local desde una perspectiva que dialoga con la música sinaloense.
En el bajo, Daniel Sánchez, originario de la Ciudad de México y ya consolidado en Mazatlán, aporta versatilidad al transitar entre géneros como el jazz y el blues, enriqueciendo la base rítmica del grupo.
En el entorno formativo del proyecto destaca la presencia de Juan Carlos Chavarría, músico con preparación de conservatorio, disciplina y una visión orientada al crecimiento artístico continuo. Actualmente dirige a la Orquesta Juvenil del CMA.
A este entramado se suma Dulce Virginia Uribe Paredes, promotora del danzón desde la danza, así como la comunidad generada en torno a Dulce Danzón, que ha sostenido la práctica social del género en Mazatlán.
El trasfondo es claro, en un contexto donde otras expresiones logran mayor visibilidad, el danzón enfrenta el riesgo de ser desplazado. Sin embargo, quienes impulsan Danzazón coinciden en que no se trata de un género agotado, sino de un patrimonio sub aprovechado.
Por ello, la apuesta no es solo interpretarlo, sino reactivarlo como experiencia viva. Porque mientras el danzón siga sonando en vivo, existirá como lo que siempre ha sido, un espacio de encuentro.


