“NO VEAN TV AZTECA”… YA NOMÁS FALTÓ QUE NOS DIJERAN QUÉ PONER EN LA SALA
La cosa ya se puso bien enferma en este país. Ahora resulta que desde Palacio Nacional prácticamente quieren andar diciendo qué canal merece existir y cuál debería ser castigado por no arrodillarse frente al poder. Y todo porque a Claudia Sheinbaum le incomoda que TV Azteca no le juegue al coro oficialista.
Pero la respuesta de TV Azteca no fue cualquier lloriqueo corporativo. No. Les aventaron un madrazo directo al mentón político. Y duro. Muy duro.
Prácticamente les dijeron: “su llamado a no vernos vale madre porque millones sí nos ven y no van a dejar de hacerlo nomás porque a usted le incomoda la verdad”. Así. Sin vaselina.
Y la neta, aunque TV Azteca también ha hecho cada marranada en televisión durante años, en esta sí pusieron sobre la mesa algo peligrosísimo: el intento descarado del poder por desacreditar medios incómodos.
Porque aquí no estamos hablando de una señora peleándose con el control remoto. Estamos hablando de la presidenta del país usando el peso presidencial para señalar públicamente a un medio nacional.
Eso no es cualquier cosa.
TV Azteca incluso dijo algo que debería prender alarmas en cualquiera que todavía tenga dos gramos de sentido común: acusaron directamente al gobierno de intentar censurar y de tratar a los mexicanos como si fueran menores de edad incapaces de decidir qué ver.
Y ahí dieron justo en el hocico del problema.
Porque Morena cada vez se parece más a ese novio tóxico que primero te dice:
“yo solo quiero cuidarte”
y después ya no quiere que hables con nadie, no salgas, no opines y no pienses distinto.
Primero fueron periodistas.
Luego analistas.
Después medios.
Y ahora prácticamente ya quieren decidir hasta qué pantalla puedes prender en tu casa.
Todo disfrazado de “defensa del pueblo”.
No chinguen.
TV Azteca también les recordó algo que les arde como limón en cortada: que llevan años intentando destruir a quienes no se alinean con la 4T. Y eso es verdad. Porque el libreto ya se lo sabemos de memoria.
Si hablas bien del gobierno:
eres periodista serio.
Si los criticas:
eres corrupto.
Si investigas:
eres conservador.
Si exhibes algo:
eres parte de una conspiración.
Y si no te arrodillas:
entonces eres enemigo nacional patrocinado por Darth Vader y Claudio X. González.
Ya parece caricatura.
Lo más cabrón del comunicado fue cuando TV Azteca dijo con todas sus letras que el gobierno está atentando contra el derecho de los ciudadanos a decidir libremente cómo informarse. Y aunque muchos quieran minimizarlo, ahí está el verdadero peligro.
Porque la censura moderna ya no llega con soldados cerrando periódicos.
Ahora llega con mañaneras.
Con campañas digitales.
Con fanáticos insultando en redes.
Con granjas de bots.
Con discursos donde el gobierno decide quién es “prensa buena” y quién merece linchamiento público.
Más elegante el autoritarismo, pero igual de apestoso.
Y luego vino la parte donde TV Azteca prácticamente les aventó un lanzallamas político mencionando nombres y acusaciones que hicieron explotar medio internet. Hablaron de Rubén Rocha Moya, Américo Villarreal, Enrique Inzunza, Adán Augusto y hasta de Andy y Bobby López Beltrán, acusando complicidades, corrupción, redes de poder y destrucción institucional.
Eso ya no fue comunicado.
Eso fue declaración de guerra.
Y mientras el gobierno se hace el indignado, también queda claro que les molesta muchísimo que existan voces que no controlan. Porque Morena ama la libertad de expresión… siempre y cuando la libertad consista en aplaudirles como focas entrenadas.
Les fascina hablar de democracia mientras desde el poder empujan campañas para destruir reputaciones de quien los critique.
Muy revolucionarios.
Muy del pueblo.
Muy humanistas.
Pero bien que disfrutan aventarle todo el aparato político encima a cualquiera que les pique el ego.
Y ojo, aquí tampoco se trata de convertir a Salinas Pliego en héroe nacional porque tampoco exageremos. Ese cabrón lleva años jugando su propio juego de poder y negocio. Pero una cosa no quita la otra.
Cuando una presidenta usa la tribuna más poderosa del país para decirle a millones qué medio no deberían consumir, la línea entre crítica y presión política empieza a ponerse peligrosamente delgada.
Y lo peor es que hay gente aplaudiéndolo como si fuera normal.
Así empiezan todos los gobiernos que terminan creyéndose dueños del país:
primero controlan la narrativa,
luego quieren controlar la conversación,
después intentan controlar la verdad,
y al final terminan queriendo controlar hasta lo que piensa la gente.
Y México ya conoce demasiado bien ese caminito.
Nomás que ahora viene maquillado con hashtags, influencers militantes y discursos baratos sobre “el pueblo”.


