EL “YO CON ROCHA” DIO MÁS MIEDO QUE UN RETÉN A LAS 2 DE LA MAÑANA
Mijo… qué momento tan incómodo se aventó Morena en el Senado. De esos que ni echándote tres perfumes se te quita el olor a vergüenza política.
Resulta que Ricardo Anaya llegó con sus playeritas como vendedor de tianguis en campaña y aventó el reto venenoso: “a ver pues cabrones, pónganse la de Yo con Rocha”. Y lo que pasó fue una joya digna de estudio psicológico, paranormal y hasta veterinario porque varios se quedaron congelados como perro cuando escucha cuete.
Nadie quiso.
Pero NADIE.
Aquello parecía rifa de servicio militar. Todos viendo para abajo, acomodándose el saco, volteando al celular, haciéndose los sordos, como cuando en la peda preguntan quién quebró el baño y todos empiezan a estudiar el piso.
Y eso que en Morena para todo salen en bola. Que si el acordeón, ahí van. Que si la reforma, ahí van. Que si el aplauso sincronizado, ahí van. Pero nomás les pusieron enfrente la playera de Rocha y se les borró hasta el espíritu revolucionario.
La neta la escena estuvo más fría que abrazo de suegra.
Porque una cosa es defender a Rocha desde Twitter, desde la mañanera o desde un boletín hecho con copy paste y otra MUY distinta es ponerte el “Yo con Rocha” estampado en el pecho, casi casi como si fuera patrocinio oficial del Titanic político sinaloense.
Y ojo, tampoco el PAN venga a darse baños de pureza porque esos traen cola que les pisen hasta Arizona. Muy gallitos con las playeras, pero varios también hubieran ocupado terapia intensiva si alguien les sacaba unas de “Yo con García Luna”. Ahí sí capaz que hasta Anaya salía corriendo más rápido que funcionario cuando llega la Auditoría.
Porque este show ya parece reunión de ex tóxicos: unos echándole en cara al otro quién estuvo más ligado al desastre.
El PAN gritando “narcopolítica”. Morena contestando “calderonismo”.Y mientras tanto el país viendo este capítulo de La Rosa de Guadalupe versión Senado Premium.
Pero regresando al tema… lo verdaderamente sabroso no fue lo que dijo Anaya. Ese vato vive de hacer clips para redes y hablar golpeadito como si siempre estuviera regañando alumnos de secundaria.
No.
Lo bueno fue ver las caras de los morenistas cuando apareció la playera maldita. Ahí entendiste todo. Porque si de verdad hubiera respaldo total, mínimo uno se la pone, posa para la foto y se avienta el sacrificio patriótico.
Pero no hubo valiente.
Ni el más obradorista.�Ni el más radical.�Ni el que trae siete fotos de AMLO en la oficina.�Ni el que se siente heredero de la transformación.�Ni el que en privado dice “aquí puro Rocha pa”.
Todos se hicieron guajes.
Y eso dice muchísimo más que cualquier discurso de oposición.
Porque cuando hasta tu propia raza le saca a ponerse la camiseta, entonces ya no hablamos de apoyo político… hablamos de un “haz paro pero desde lejitos compa”.
La realidad es que el “Yo con Rocha” se convirtió en esa papa caliente que nadie quiere agarrar. Como micrófono abierto en peda familiar. Como camioneta chocolate viendo patrulla. Como compadre que pide prestado y dice “mañana te pago”.
Y mientras en Morena intentan vender unidad, en el Senado quedó clarísimo que varios prefieren tragarse un cactus con espinas antes que salir abrazados públicamente con Rocha Moya.
Eso sí… al final todos se acomodaron el traje, fingieron dignidad y siguieron con el teatro legislativo como si nada hubiera pasado.
Pero la foto ya quedó.
Y a veces una playera vacía grita más que cien discursos.


