HISTORIA DE LAS HISTORIAS: LO QUE LA GUERRA ENSEÑA SOBRE LA VIDA
Alberto Peláez compartió en Culiacán las cicatrices que deja la guerra y las lecciones que nos acercan a nuestra propia humanidad
Culiacán, Sinaloa, junio del 2026.- Alberto Peláez nunca buscó ser corresponsal de guerra. El destino lo puso en la Guerra del Golfo Pérsico y, desde entonces, su libreta y su cámara se volvieron testigos de lo que muchos preferirían no mirar: el hambre, la muerte y colonias enteras reducidas a escombros.
Este viernes, el Teatro Lince de la UAdeO se llenó de un silencio distinto. No era el de una sala vacía, sino el de un público que contuvo el aliento para escuchar a un hombre que ha visto la vida desde el filo de la muerte. Peláez no vino a hablar de geopolítica. Vino a hablar de personas.
“Aprendí el valor de un vaso con agua”
Entre relatos de Irak, Somalia, Afganistán y la antigua Yugoslavia, el periodista recordó que la guerra no solo destruye edificios: rompe infancias. “¿Qué hacen los niños en la guerra?”, preguntó al auditorio. “Juegan. Juegan entre restos, con artefactos explosivos abandonados. Y muchas veces no vuelven a casa”.
Esa imagen, dijo, le cambió la mirada. Como aquella tarde en la antigua Yugoslavia, cuando una joven murió frente a él al intentar cruzar una calle vigilada por francotiradores. “Pensé en dejar todo. Pero entendí que si yo callaba, su historia moría con ella. Mi trabajo era prestarle la voz a quien ya no la tenía”.

Fe, disciplina y constancia frente al miedo
Peláez confesó que en 2003, durante la Segunda Guerra del Golfo, llegó a Bagdad con el corazón dividido: la emoción de cubrir la historia y el miedo de no volver con su familia. Entre saqueos, bombardeos y el eco de los disparos, encontró tres anclas: la fe, la disciplina y la constancia. “La guerra te quita todo, menos la posibilidad de decidir quién eres en medio del caos”.
Ahí también entrevistó a figuras como Yaser Arafat. Pero lo que más le marcó no fueron los líderes, sino la gente común que le enseñó que la empatía es la única trinchera que no cae.
La historia del bambú y las negativas que construyen
Uno de los momentos más humanos de la charla llegó con una metáfora: el bambú. “Durante años no ves que crezca. Pero bajo tierra está echando raíces. Así es el esfuerzo: no siempre se nota, pero sostiene lo que viene después”.
Por eso insistió en aprender de la frustración. “Las negativas y los días difíciles son parte del camino. La sociedad actual perdió paciencia y referentes. Nos cuesta ponernos en los zapatos del otro, entender su dolor”.

El periodismo que cambió, la esencia que queda
Peláez recordó cuando transmitir significaba cargar kilos de equipo. Hoy basta un teléfono. “La tecnología cambió, pero el oficio sigue siendo el mismo: estar, mirar, contar”. Aun así, fue claro: “Ser corresponsal de guerra te hace mejor persona, pero no incentivaría a nadie a dedicarse a esto. El costo emocional es muy alto”.


PARA SABER
La conferencia Lo que la guerra enseña sobre la vida se realizó a beneficio de Malala IAP y fue coordinada por la Junta de Asistencia Privada de Sinaloa. Más que una charla de guerra, fue una clase de vida: la que duele, pero también la que enseña a valorar un vaso con agua, un abrazo y la posibilidad de volver a casa.


